En este artículo os queremos hablar de un tema que nos parece apasionante y del que cada vez se habla más: la epigenética, pero empecemos por el principio.

Como ya sabemos, la genética es el área de estudio que busca comprender y explicar cómo se transmite la herencia biológica de generación en generación mediante el ADN. La epigenética sin embargo es el estudio de modificaciones en la expresión de genes que no obedecen a una alteración del ADN y que son heredables.

Es decir, hay factores ambientales modifican la expresión de los genes. La Dra. Judith Stern lo resume como: “La genética carga la pistola, pero el medioambiente aprieta el gatillo” y tanto es así que hay enfermedades para las cuales tenemos una predisposición genética, que cuidando los factores ambientales (y ahora vamos a explicar cuáles son) pueden no manifestarse nunca. La epigenética no modifica los genes, simplemente matiza su expresión.

El científico alemán Thomas Jenuwein lo compara con la diferencia entre escribir y leer un libro. Nuestro ADN es el libro, una vez escrito, todas las copias serán iguales, nada lo modificará, sin embargo cada lector hará una interpretación diferente del mismo. De la misma forma, la epigenética nos permite hacer una interpretación diferente de unos mismos genes y esto quiere decir que no estamos predeterminados porque tengamos una u otra genética, que nuestra forma de vivir y sentir nos puede ayudar a poner esa genética a nuestro favor y a esto nos referimos con el concepto factores ambientales.

Los factores ambientales más importantes son:

En primer lugar y, según los científicos, de forma destacada, la alimentación. Una alimentación saludable y variada repercute positivamente en nuestro cuerpo.


El estrés es el segundo factor más destacado. Nuestro nivel de estrés, de negatividad y de sufrimiento van a ser determinantes en la expresión de nuestros genes y no precisamente para bien.


El tercer factor sería el ejercicio físico. Y tan importante es por exceso como por defecto. Una vida demasiado sedentaria o la práctica de ejercicio hasta que este produzca unos niveles altos de cortisol pueden contribuir a la expresión de enfermedades y otros trastornos que prefiramos evitar. Adicionalmente una vida saludable, con un nivel de ejercicio que nos permita segregar endorfinas, mantenernos en forma y vernos bien puede jugar a nuestro favor en términos de epigenética.


El cuarto factor y el que más nos ha gustado son las relaciones sociales. Unas relaciones sociales satisfactorias y el autocuidado son fuentes de bienestar cada vez más relevantes que contribuyen a mantenernos sanos y felices. En medio de esta pandemia este factor cobra especial relevancia puesto que estas relaciones se están viendo relegadas a un segundo plano aunque realmente es algo que no nos conviene descuidar, en la medida que sea posible.


El quinto factor es el descanso. Durante el descanso el cuerpo se regenera. Es imprescindible que descansemos y dejemos al cuerpo hacer lo suyo para poder estar bien.

En resumen, nuestra forma de vivir, nuestros hábitos, nuestra forma de pensar y de enfrentarnos a la vida son claves para el futuro, porque como hemos visto, lo importante no es lo que hay escrito sino hacer la mejor lectura posible y esto puede estar en nuestras manos.